09 septiembre 2010

ENTRE EL LENGUAJE Y LA LECTURA

Sin desmerecer nada, porque todo es importante, la asignatura reina en un colegio debe ser siempre el lenguaje. El lenguaje es el contenido de la cultura. Con el lenguaje accedemos a casi toda la realidad. El idioma es el rasgo más fundamental de una cultura concreta, donde se configura toda la cosmovisión y la identidad de un pueblo. Es el envoltorio de las ideas, las vivencias, los sentimientos, la ciencia y la historia. Pero también alimenta el espíritu con su belleza: cuentos, cantos, mitos, fábulas, parábolas, novelas, teatro, narraciones, poesías… Todo en el hombre es lenguaje: las manos, los ojos, los gestos… pero es el dominio de la comunicación llana y pertinente, con toda su riqueza y expresividad, la que conoce, lidera y arrastra, ilumina y guía. La fuerza de la palabra, el río fecundo del lenguaje.

Los niños se pasan horas ante el nintendo y los videojuegos; los adolescentes escriben mensajes en el celular, chatean mensajes con términos ininteligibles, maltratan el lenguaje como si fuera un instrumento sin valor ni estima. La imagen ocupa cada vez más espacio en sus vidas en detrimento de la palabra escrita. Se multiplican las televisoras y las cabinas de internet, disminuyen los anaqueles de amigos mudos y las bibliotecas. El caso es que a la hora de captar un mensaje textual los alumnos se sienten perdidos, ignoran los términos, el significado de la expresiones coloquiales, se encogen de hombros ante la elemental interpretación de un texto, inútiles para recrear la subjetividad de unos versos.

No nos engañemos, ni seamos demasiado permisivos con todo esto. La clave para entrar en el mundo del conocimiento y la belleza, es la lectura, la lectura habitual y constante, la lectura reposada y tranquila, la lectura desde niños y para siempre. Con la lectura fluyen mejor las palabras, remansa el conocimiento, evolucionan las ideas y la creatividad, se renueva la mente y el pensamiento, nace el lenguaje adecuado, la redacción correcta, el dardo de la palabra precisa y convincente.

Los hombres más conocidos y admirados universalmente del Perú no son sus militares, ni sus científicos, ni sus ingenieros. Mucho menos sus deportistas, lamentablemente. Los que riegan universalmente el nombre del Perú son sus escritores y poetas: Garcilaso, Vallejo, Scorza, Vargas Llosa, Arguedas… Por algo será. El discurso encendido de Haya de la Torre llenaba plazas. El discurso florido del nuestro actual presidente llenó las urnas de votos hasta conseguir inexplicablemente un segundo mandato. Por algo será. Probablemente el Papa actual tenga mayores y mejores fundamentos teológicos y bíblicos que el recordado Juan Pablo II, pero este era un comunicador nato, de modo que llenaba estadios y alamedas y su voz llegaba a las gentes sencillas con la fuerza contundente de un dardo de fuego. La fuerza del lenguaje y la palabra.

El dominio del idioma propio además de comunicación es un arte. Es una habilidad grande escribir la palabra precisa. Es una habilidad que califica el decir lo que quieres decir de manera sencilla e inteligible. Si además lo expresado se dice con la belleza del hermoso idioma que tenemos, mejor, muchísimo mejor. Si es que desde pequeña no me hubiese gustado la lectura de seguro hoy no estaría trabajando en una biblioteca y mucho menos podría escribir todo esto.